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Quienes Somos
En las montañas de Escazú, como si en un cuento de hadas, existe un lugar único y maravilloso. Si, maravilloso porque sin tener que viajar a los Alpes o los Pirineos, sino más bien en Costa Rica, se puede respirar, sentir y saborear la misma tradición monástica del viejo continente.
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- Al entrar a Le Monastère, nos encontramos artísticas estatuas de mármol que adornan los bien mantenidos jardines. Las pesadas puertas de madera sólida reminiscentes de la vieja europa conducen a espacios de paredes gruesas decorados exquisitamente con antigüedades y fotografías que le llevarán a un ya distante pero memorable pasado.
Le Monastère tiene tres ambientes:
El romántico bar de la entrada, desde el que se disfruta de una magnífica vista panorámica del Valle Central y de la ciudad capital, mientras se escuchan las suave y sutiles notas de la música tocada en un espectacular piano de cola.
El restaurante, con sus mesas impecablemente puestas y su excelente menú, ofrece lo mejor de la cocina francesa, servida siempre con una especial sonrisa por sus anfitriones, vestidos como monjes del siglo XVII.
La Cava, un íntimo sótano convertido en un cálido y acogedor bar. Con música en vivo los jueves, viernes y sábados, muchos de nuestros comensales escogen bajar a La Cava para continuar su noche con alegre música y ambiente.
- Los edificios de Le Monastère estuvieron en ruinas y abandonados por más de veinte años, sobrecogidos por la vegetación. Pero el tiempo solo mejoró la vieja capilla,
ahora renovada y a menudo llena con los sonidos de cantos gregorianos y música clásica. La Capilla nos permite una oportunidad de imaginar la vida secular que se encerraba en estas paredes hace más de cincuenta años. La Capilla aún se utiliza para servicios religiosos, principalmente matrimonios, usualmente en las mañanas, y reservados para aquellos que desean entrar en un mundo de ensueño.
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